CONOCIMIENTO SENSORIAL EN SAN LUIS TLAXIALTEMALCO
GUSTAVO DE LA VEGA SHIOTA*
Xochimilco ha sido desde hace muchos años un espacio simbólico, tanto para mexicanos que saben sobre la importancia del Señorío que allí se asentó y ahora al recorrer los parajes admiran sus vestigios, como para extranjeros, que comúnmente lo visitan de manera fugaz, guiados por el mexican curious de esa Venecia Mexicana. Indudablemente que el turismo ha impactado en la vida cotidiana de los pobladores de esa región, pues sin información suficiente y menos aún con sensibilidad ambiental, cada semana a bordo de las típicas trajineras se deslizan en los canales alrededor de las chinampas, que cinco siglos atrás causaron, por su originalidad, la admiración de los conquistadores españoles.
En el año de 1989 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, tuvo el acierto de declarar Patrimonio Cultural de la Humanidad a la zona, como un reconocimiento a la preservación de su milenario modo de producción de hortalizas y flores en chinampas.
Pese a su importancia histórica y cultural, Xochimilco no ha sido protegido adecuadamente por autoridades y pobladores, por lo que hoy enfrenta diversos problemas, algunos propios de su devenir y conformación espacial y social, y otros que son resultado de su interrelación con la metrópoli más grande del mundo, como sucede con la invasión de sus terrenos ribereños y de las mismas chinampas, por nuevos habitantes sin aprecio y sin cultura para la conservación de ese medio y, en cambio, generadores de múltiples daños. Actualmente, el principal conflicto que vive la zona chinampera está relacionado con el agua, pues se extrae de los manantiales en proporción desmedida para remitirla a la ciudad, la cual se las devuelve tratada y, en consecuencia, contamina el medio e incide desfavorablemente en la reproducción y desarrollo de especies animales y plantas acuáticas endémicas del Valle de México como el ajolote, por citar alguna, que gracias al Instituto de Biología de la UNAM se está rescatando.
Xochimilco es mucho más que la mundialmente famosa zona turística. Forma parte de todo un ecosistema y está compuesto por varios poblados ubicados en la rivera del lago, como San Luis Tlaxialtemalco, pueblo originario que ha demostrado preocupación por la ascendente destrucción de la región y la limitada acción de las autoridades delegacionales, estatales y federales. Algunos pobladores del “lugar donde está ubicado el incensario del Dios Tlaloc”, se han interesado por rescatar los viejos sistemas de producción chinampera, tratando de lograr un desarrollo sin deterioro del medio ambiente. Es el caso de la prestigiada familia de Don Rubén Cabello Martínez, reconocida en el pueblo por su cohesión interna e integración comunitaria, así como por su lucha por preservar sus tradiciones y oponerse a los abusos externos.
Hace unos días la Familia Cabello Martínez recibió a un grupo de estudiantes de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM en la primera práctica escolar de su carrera, quienes previamente debieron conformar un modesto referente teórico e histórico sobre Xochimilco y su problemática, así como también discurrir respecto al respeto que un estudioso en el trabajo de campo debe otorgar a la gente, a sus costumbres, a sus tradiciones, a su pensamiento y a sus bienes materiales. Todo ese quehacer formativo, inscrito desde luego en el marco identitario de los estudiantes con su espacio histórico social.
Con el apoyo de los Cabello Martínez, los universitarios navegaron en los canales y llegaron hasta las chinampas, a las que descubrieron como islotes artificiales formados con el mismo cieno de los canales y que están rodeados por esbeltos ahuejotes que los afianzan. Fue Tlaxialtemalco el lugar ideal para que los jóvenes experimentaran sobre el proceso de la percepción sensorial, en tanto que por la rapidez, inmediatez y superficialidad de la vida urbana, ellos emplean parcialmente. El propósito cognitivo fue que, descubiertos esos recursos propios, los potencialicen tanto en su vida cotidiana como en su quehacer investigativo sobre la realidad social, que han elegido como materia profesional. Así, escucharon en voz de don Rubén, doña Celia y sus hijos Rubén, Martín, y otros campesinos más, sobre el proceso intensivo y artesanal que implica la producción chinampera, que va desde la extracción del cieno del fondo de los canales para formar el almacigo, sobre el que se trazan los diminutos chapines, hasta la siembra semilla por semilla. Y, finalmente, los cuidados y el trasplante a macetas, siempre teniendo en cuenta que la introducción de químicos y transgénicos dañan irremediablemente esas tierras, que ahora son patrimonio de la humanidad. Los comunicólogos comprendieron el arraigo que profesan esos mexicanos a su tierra y su pueblo, cuando escucharon las respuestas a sus preguntas sobre la identidad con ese espacio histórico, agrícola, social y cultural.
Impactante fue la experiencia de los universitarios cuando estuvieron frente a miles de flores y las percibieron analíticamente, a fin de emprender el poco experimentado quehacer de conceptualizar la diversidad de sonidos, formas, tamaños, colores, olores, texturas y, aun, sabores. Con esa primera experiencia en su formación como investigadores de los problemas de su país, los comunicólogos podrán acercarse a otros espacios y problemas –sociales particularmente- con un bagaje metodológico, técnico e informativo más completo y sólido que evite la especulación, lleve al conocimiento sistemático y explicativo y favorezca la posibilidad de proponer soluciones orientadas al bienestar de la población. La práctica concluyó aplicando el sentido del gusto al saborear comida típica de la región, como los elotes preparados por doña Celia y su hija Citlali, o el mole de San Pedro Atocpan, en Milpa Alta y, finalmente, recapacitar sobre la relevancia cultural de los platillos típicos de la región.
*FCPyS de la UNAM
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