martes, 10 de noviembre de 2009
PRÁCTICA DE CAMPO SOBRE LA FIESTA DE MUERTOS
ENFOQUE SOCIOLÓGICO
GUSTAVO DE LA VEGA SHIOTA*
Con el fin de realizar trabajo de campo sobre aspectos identitarios de la nacionalidad mexicana, los alumnos de Metodología de la Investigación en Comunicación de Ciencias Políticas realizaron una práctica de campo sobre la tradicional fiesta de muertos. El tema llama la atención de los jóvenes por diversas razones culturales, por lo que debe impulsarse como una experiencia de conocimiento planeada y reflexionada, pues forma parte de las tradiciones y costumbres que conforman su identidad, misma que se desdibuja por la ideologización que realizan la televisión y el cine, que con vehemencia impulsan el hallowenn norteamericano, compuesto por diversas fantasías.
El tema de la muerte resulta difícil de entender, pero sin duda es interesante desde cualquier óptica disciplinaria. Es sugestivo e inquietante por las creencias mágico-religiosas que existen al respecto, aun en el Siglo Veintiuno. La muerte es una cuestión que interactúa con profundas actitudes humanas. El hombre experimenta ante la idea de la muerte una gama inevitable de sentimientos que no son fácilmente calificables.
Desde la época prehispánica en nuestras culturas la muerte es tratada con “objetividad”, lo que lleva a darle un trato solemne, pero también festivo y hasta jocoso. Los vivos, mientras no la tienen enfrente, se chancean con ella y la representan en forma de calaveras o esqueletos vestidos con indumentaria folclórica en las más diversas actitudes. Por eso los días en que se recuerda a los muertos son días de fiesta y en los que se espera la visita de los que se han ido y a quienes se recibe con regalos y se agasaja con los alimentos que a ellos les agradaban. Muchos panteones se adornan con flores mexicanas amarillas y guindas, y se iluminan con velas, en una noche de fiesta en que las almas regresan por unas horas a convivir, a charlar y, a veces, a despedirse de quien no tuvieron la oportunidad de hacerlo antes de partir al mas allá.
Esta ocasión los alumnos visitaron San Juan Ixtenco, población de origen otomí (Ñañu, dicen los expertos; “Yuju”, corrige la gente del pueblo), que conserva su lengua originaria y está ubicada a las faldas del volcán la Malinche, en el estado de Tlaxcala. Está zona es conocida por sus exhaciendas agrícolas productoras de cereales, forrajes y pulque, así como por la cría de ganado, en especial de toros de lidia. Ixtenco es famoso por conservar la hermosa tradición textil del bordado de pepenado, así como por la creación de murales de semillas de color natural con las que decoran los muros y arcos de las puertas de sus casas y los templos católicos.
La celebración del Día de Muertos es una fiesta popular, en la que se expresan creencias y prácticas prehispánicas y católicas, expresadas en una rapsodia de magia, fervor y alegría, a través de rezos, cantos, flores de colores y una exquisita mezcla de platillos, preparados con cariño y devoción para las almas de su gente muerta que los visita en estos días. Destacan el atole agrio o morado, el mole de color ladrillo de chile guajillo y carne de res, que se come con los tamales tontos (pues solo contienen masa, sal y manteca) y se acompaña con el afamado pulque de esa región. La ofrenda también comprende otros moles, como el de pipían rojo, el de guajolote, la barbacoa de carnero y las conservas de frutas con piloncillo, entre las cuales están las de calabaza, pera, tejocote, capulín y durazno.
Es satisfactorio que los alumnos hayan vivido plenamente la experiencia, participando en la organización e instalación de las ofrendas en las casas que los recibieron con cordialidad; que se hayan sumado al trabajo que demandó la preparación de los alimentos que se ofrecerían; que hayan logrado convivir con gente, en buena medida diferente a ellos y, que hayan incursionado activamente en otros aspectos culturales, pues consiguieron mucho éxitos, entre los cuales destaca un conocimiento más completo y objetivo del asunto que estudiaron, su crecimiento personal, el fortalecimiento de su formación y preparación profesional y la ratificación de su identidad nacional.
*FCPyS de la UNAM
GUSTAVO DE LA VEGA SHIOTA*
Con el fin de realizar trabajo de campo sobre aspectos identitarios de la nacionalidad mexicana, los alumnos de Metodología de la Investigación en Comunicación de Ciencias Políticas realizaron una práctica de campo sobre la tradicional fiesta de muertos. El tema llama la atención de los jóvenes por diversas razones culturales, por lo que debe impulsarse como una experiencia de conocimiento planeada y reflexionada, pues forma parte de las tradiciones y costumbres que conforman su identidad, misma que se desdibuja por la ideologización que realizan la televisión y el cine, que con vehemencia impulsan el hallowenn norteamericano, compuesto por diversas fantasías.
El tema de la muerte resulta difícil de entender, pero sin duda es interesante desde cualquier óptica disciplinaria. Es sugestivo e inquietante por las creencias mágico-religiosas que existen al respecto, aun en el Siglo Veintiuno. La muerte es una cuestión que interactúa con profundas actitudes humanas. El hombre experimenta ante la idea de la muerte una gama inevitable de sentimientos que no son fácilmente calificables.
Desde la época prehispánica en nuestras culturas la muerte es tratada con “objetividad”, lo que lleva a darle un trato solemne, pero también festivo y hasta jocoso. Los vivos, mientras no la tienen enfrente, se chancean con ella y la representan en forma de calaveras o esqueletos vestidos con indumentaria folclórica en las más diversas actitudes. Por eso los días en que se recuerda a los muertos son días de fiesta y en los que se espera la visita de los que se han ido y a quienes se recibe con regalos y se agasaja con los alimentos que a ellos les agradaban. Muchos panteones se adornan con flores mexicanas amarillas y guindas, y se iluminan con velas, en una noche de fiesta en que las almas regresan por unas horas a convivir, a charlar y, a veces, a despedirse de quien no tuvieron la oportunidad de hacerlo antes de partir al mas allá.
Esta ocasión los alumnos visitaron San Juan Ixtenco, población de origen otomí (Ñañu, dicen los expertos; “Yuju”, corrige la gente del pueblo), que conserva su lengua originaria y está ubicada a las faldas del volcán la Malinche, en el estado de Tlaxcala. Está zona es conocida por sus exhaciendas agrícolas productoras de cereales, forrajes y pulque, así como por la cría de ganado, en especial de toros de lidia. Ixtenco es famoso por conservar la hermosa tradición textil del bordado de pepenado, así como por la creación de murales de semillas de color natural con las que decoran los muros y arcos de las puertas de sus casas y los templos católicos.
La celebración del Día de Muertos es una fiesta popular, en la que se expresan creencias y prácticas prehispánicas y católicas, expresadas en una rapsodia de magia, fervor y alegría, a través de rezos, cantos, flores de colores y una exquisita mezcla de platillos, preparados con cariño y devoción para las almas de su gente muerta que los visita en estos días. Destacan el atole agrio o morado, el mole de color ladrillo de chile guajillo y carne de res, que se come con los tamales tontos (pues solo contienen masa, sal y manteca) y se acompaña con el afamado pulque de esa región. La ofrenda también comprende otros moles, como el de pipían rojo, el de guajolote, la barbacoa de carnero y las conservas de frutas con piloncillo, entre las cuales están las de calabaza, pera, tejocote, capulín y durazno.
Es satisfactorio que los alumnos hayan vivido plenamente la experiencia, participando en la organización e instalación de las ofrendas en las casas que los recibieron con cordialidad; que se hayan sumado al trabajo que demandó la preparación de los alimentos que se ofrecerían; que hayan logrado convivir con gente, en buena medida diferente a ellos y, que hayan incursionado activamente en otros aspectos culturales, pues consiguieron mucho éxitos, entre los cuales destaca un conocimiento más completo y objetivo del asunto que estudiaron, su crecimiento personal, el fortalecimiento de su formación y preparación profesional y la ratificación de su identidad nacional.
*FCPyS de la UNAM
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